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  • Diario Digital | martes, 10 de diciembre de 2019
  • Actualizado 02:56

Residentes de Nuñomoral hacen grande el monasterio más pequeño del mundo

El último fin de semana de abril, seis usuarios y su educadora visitaron la localidad cacereña de Pedroso de Acim, donde se encuentra ubicado el edificio monacal. La Feria del Queso, en Trujillo, y una visita para abrazar a familiares y amigos en Santibáñez el Bajo, Logrosán y Casas de Miravete son muestras de las salidas de fin de semana organizadas por el Centro Residencial y Familiar de Nuñomoral. Disfruta en tu periódico del álbum de imágenes

Visita a El Palancar
Visita a El Palancar
Residentes de Nuñomoral hacen grande el monasterio más pequeño del mundo

Cuando hay tanto que contar, mejor hacerlo por orden. La crónica de hoy comienza con el viaje que realizaron, a finales de abril, un grupo de residentes y educadores del Centro Residencial y Familiar de Nuñomoral al monasterio más pequeño del mundo, construido por quién hoy es el patrón de la provincia cacereña, San Pedro de Alcántara.

La historia cuenta que San Pedro de  Alcántara mandó construir este pequeño recito para orar y en él pasó los últimos años de su vida el fundador de los franciscanos descalzos. Según publica la web de la Diputación Provincial de Cáceres, Juan de Santa María definía el Monasterio del Palancar como “un lugar con treinta y dos pies de largo y veintiocho de ancho, con una capilla tan pequeña que en ella cabían el sacerdote y el acólito que le ayudaba, si otro alguno entraba ocupaba mucho”. Cuentan que Santa Teresa se sorprendió al ver que Fray Pedro de Alcántara “dormía sentado y con la cabeza arrimada a un maderillo en la pared”. Cabe destacar que el monje medía 1,90 metros por lo que la imagen debía ser impactante.

Los seis residentes de Nuñomoral, acompañados de Mercedes Martín, tuvieron la suerte de disfrutar de una visita guiada por este peculiar cenobio, ubicado en la localidad de Pedroso de Acim, entre la Sierra de Cañaveral y muy próximo a los valles del Alagón y Jerte.

Antes de regresar a Nuñomoral, los excursionistas pudieron disfrutar esa misma jornada del muro de flores de Nuestra Señora del Puerto.

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Feria del Queso

Y de la cultura a la gastronomía. Trujillo fue el destino de los residentes de Nuñomoral que este año tampoco se han perdido la nueva edición de la afamada feria internacional del Queso. Con un pueblo repleto de visitantes por la exitosa fiesta, los viajeros disfrutaron de distintas catas, pasearon por sus señoriales calles y disfrutaron de sus mercadillos artesanos.

La Feria del Queso de Trujillo fue la primera parada de una jornada cuyo destino era la romería tradicional de Santibáñez El Bajo. Aquí nació y vivió durante años una de las residentes de Nuñomoral y saludar a sus familiares y vecinos era el objeto primordial de esta salida. Además, la localidad celebraba ese sábado su romería tradicional en honor de San Albín y el grupo disfrutó de una comida campera, mucho baile y una hermosa naturaleza en la dehesa boyal de la localidad.

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Mina Costanaza

Y, tras el patrimonio cultural, la gastronomía y las tradiciones, qué mejor que finalizar el mes haciendo turismo geominero visitando la famosa Mina Costanaza.

Seis usuarios, de nuevo con Mercedes Martín como capitana de la excursión, aprovecharon el buen tiempo para viajar hasta Logrosán y a Casas de Miravete. Julia e Isabel descienden de estas localidades y éste fue el motivo principal del viaje: abrazar a sus familiares y amigos y mantener así las relaciones con sus raíces.

La visita a Logrosán sirvió al mismo tiempo para conocer la Mina Costanaza, situada dentro del Geoparque  Mundial de la Unesco Villuercas-Ibores-Jara. Según detalla su web:

La mina de La Costanaza se explotó intermitentemente desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Cuando se cierra la explotación, en el año 1944, la mina tiene 210 metros de profundidad y 14 plantas.

El conjunto de galerías paralelas que integran la Mina del Filón Costanaza resulta abrumador pero sólo se visitan las dos galerías superiores habilitadas.

En el interior podemos observar el filón mineralizado de fosforita, zonas de brecha y espejos de falla, geodas, manantiales, estalactitas, pliegues, arcos de sostenimiento minero y un pozo maestro de mampostería.

En los exteriores podemos ver instalaciones que aún conservan en perfecto estado la primitiva estructura minera, como la fábrica de finos, la fábrica de superfosfatos, el cocedero de piritas y el laboratorio de la mina, el cual alberga el Centro de Interpretación de la Mina Costanaza.

En la visita a la mina se explican los detalles de la explotación minera y del método de extracción denominado “de realce” porque los mineros iban extrayendo las capas del filón situadas por encima de su vista.

Se explica también cómo eran los mineros y sus condiciones de trabajo, la humedad, los paupérrimos equipamientos, las luminarias, candiles picos-pato al inicio y posteriormente carbureros.

Algunos de estos elementos pueden encontrarse decorando las paredes de la mina.